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La Doctrina de la Autoridad y Suficiencia de la Escritura

Foto del escritor: Brian Butler Jr
Brian Butler Jr
16 oct
7 min de lectura

¿Por Qué Crees Lo Que Crees?


En México, una cultura que tiene sus raíces ligadas a la Iglesia Católica Romana, de una manera u otra, todos hemos sido adoctrinados por medio de las enseñanzas, dogmas, y doctrinas de la Iglesia Católica.


Y aunque, como Protestantes, no formamos parte de la Iglesia Católica Romana, aún así es posible que nuestras creencias acerca del Dios, Jesus, la Salvación o la Vida Venidera siguen alineadas con las enseñanzas, dogmas, y doctrinas de la Iglesia Católica.


¿Quien es Dios?

¿Qué crees acerca de Dios?

¿Qué es lo que Dios quiere para tu vida?

¿Cómo puedes acercarte a Dios?


Al responder a estas preguntas, es probable que tus respuestas hayan sido formadas o influenciadas por la Iglesia Católica.


Ahora, no estoy diciendo que toda enseñanza, dogma, o doctrina de la Iglesia Católica Romana es una herejía o incorrecto. De hecho, la religión (fe) más alineada con el Cristianismo Protestante es el Catolicismo. Sin embargo, existen enseñanzas, dogmas, y doctrinas de ambos lados que fundamentalmente están en oposición.


En este artículo, quiero enfocarme en una de esos puntos de diferencia entre la enseñanza de la Iglesia Cristiana Protestante y la Iglesia Católica Romana.


El enfoque de este artículo es la Doctrina de la Autoridad y Suficiencia de la Escritura. Con el énfasis y la meta de principalmente, exponer esta doctrina y secundariamente, explicar la razón por la cual esta doctrina de la iglesia Cristiana Protestante está fundamentalmente en oposición a la doctrina de la Iglesia Católica Romana.


¿Que Afirmamos Como Protestantes?


Uno de los pasajes Bíblicos más importantes para el Protestante con respecto a esta doctrina es 2 Timoteo 3:16-17, lo cual dice:


16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, 17 a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.


Con respecto a la autoridad de las Sagradas Escrituras, afirmamos que Su autoridad no depende de ningún hombre o iglesia, sino enteramente de Dios, y por lo tanto deben ser recibidas, creídas, y obedecidas porque son la Palabra de Dios.


Es decir, afirmamos que verdaderamente toda la Escritura es inspirada por Dios.


Con respecto a la suficiencia de las Sagradas Escrituras, afirmamos que la totalidad del consejo de Dios concerniente a todas las cosas necesarias para Su propia gloria y para la fe, vida y salvación del ser humano, está expresamente expuesto en las Escrituras, o por buena y necesaria consecuencia puede deducirse de ellas, a las cuales nada debe añadirse en ningún tiempo ya sea por nuevas revelaciones del Espíritu o por tradiciones humanas.


Es decir, afirmamos que la Escritura es suficiente para capacitar el siervo de Dios para cumplir toda buena obra.


Otra manera más sencilla de explicar esta doctrina es por medio de citar La Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, Primer Capítulo, Primer Parágrafo:


La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvíficos.


¿Que Afirma la Iglesia Católica Romana?


En el Dei Verbum, un documento oficial promulgado por la Iglesia Católica Romana durante el Concilio Vaticano II, encontramos una exposición de su doctrina sobre la revelación divina, la Escritura, la Tradición y la autoridad de la Iglesia para interpretarlas.


El Segundo Capítulo, Décimo Parágrafo dice lo siguiente:


La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida.


Primero hay que definir los términos.


La Sagrada Escritura está compuesta de los 66 libros contenido en la Biblia Protestante más otros 9 libros llamados los libros deuterocanónicos (coloquialmente llamada la Apócrifa).


La Sagrada Tradición, según la doctrina Católica, son las enseñanzas que, según la doctrina Católica, los apóstoles recibieron de Cristo y transmitieron a la Iglesia, pero que no fueron completamente codificadas (o documentadas) en las Escrituras.


Es decir, según la doctrina Católica Romana, Dios entregó una única revelación a los Apóstoles. Dicha revelación ha sido preservada y transmitida a la Iglesia mediante la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, constituyendo juntas un único depósito de la fe que es interpretado auténticamente por el Magisterio (la autoridad oficial de enseñanza de la Iglesia).


¿En Donde Encontramos la Oposición?


La oposición no se revela de manera obvia en ambas afirmaciones de la autoridad de la Escritura. De hecho, ambas afirman que la Escritura viene de Dios y por lo tanto debe ser recibida, creída, y obedecida.


Sin embargo, la oposición se revela de manera explícita en las siguientes afirmaciones:


La Iglesia Cristiana Protestante afirma que la Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvíficos.


La Iglesia Católica Romana, en cambio, afirma que la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición constituyen un único depósito de la revelación divina que, interpretado auténticamente por el Magisterio de la Iglesia, sirve como regla suficiente y segura de la fe cristiana.


En pocas palabras, el protestante afirma que la Escritura es la autoridad suprema y suficiente para capacitar plenamente al cristiano para vivir fielmente delante de Dios en cada aspecto de la vida.


El católico afirma que, para vivir fielmente delante de Dios en cada aspecto de la vida, el cristiano debe someterse a la autoridad de la Sagrada Escritura y de la Sagrada Tradición, según son interpretadas auténticamente por el Magisterio de la Iglesia.


La oposición fundamentalmente se encuentra en la suprema autoridad de la Escritura.


¿Por Qué Afirmamos Esta Doctrina?


Quiero terminar con tres argumentos por el cual afirmamos esta doctrina.


Quiero que estos argumentos, para el Protestante, empiece a fortalecer su entendimiento y creencia de la Doctrina de la Autoridad y Suficiencia de la Escritura que he expuesto en este artículo.


Y humildemente, quiero que estos argumentos para el Católico, le lleve a considerar la Sagrada Escritura y su propia afirmación acerca de ella misma.


Los tres argumentos son: la falibilidad de cada Cristiano, la falibilidad de cada Congregación, y la falibilidad de cada miembro del Clero.


Es decir, cada Cristiano, cada Congregación, e incluso cada miembro del Clero (o Magisterio), tiene la capacidad de equivocarse. Cada ser humano, sin importar la posición que ocupe dentro del governance de la Iglesia, es falible.


1. La Falibilidad de cada Cristiano


Con respecto a la falibilidad de cada Cristiano, Apocalipsis 19:10 dice:


10 Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora solo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía».


Juan, un verdadero Cristiano, se postró delante de un ángel para adorarle, lo cual es idolatría. Esto nos muestra que cada Cristiano sin importar su madurez espiritualmente sigue siendo falible y se puede equivocar.


2. La Falibilidad de cada Congregación


Con respecto a la falibilidad de cada Congregación, 1 de Corintios 5:1-2 dice:


1 Es ya del dominio público que hay entre ustedes un caso de inmoralidad sexual que ni siquiera entre los paganos se tolera, a saber, que uno de ustedes tiene por mujer a la esposa de su padre. 2 ¡Y de esto se sienten orgullosos! ¿No debieran, más bien, haber lamentado lo sucedido y expulsado de entre ustedes al que hizo tal cosa?


La congregación de la iglesia en Corinto permitió y toleró el pecado de la inmoralidad sexual entre ellos. Esto nos muestra que cada Congregación sin importar su reconocimiento en el mundo sigue siendo falible y se puede equivocar.


3. La Falibilidad de cada miembro del Clero


Con respecto a la falibilidad de cada miembro del Clero, Gálatas 2:11-13 dice:


11 Pues bien, cuando Cefas fue a Antioquía, le eché en cara su comportamiento condenable. 12 Antes que llegaran algunos de parte de Santiago, él solía comer con los no judíos. Pero cuando aquellos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los no judíos por temor a los partidarios de la circuncisión. 13 Entonces los demás judíos se le unieron en su hipocresía, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por esa conducta hipócrita.


El apóstol Pedro (Cefas) cayó en el pecado de la hipocresía por medio del temor al hombre. Pedro conocía la verdad del evangelio: que, por medio de la obra de Jesucristo, tanto judíos como no judíos son recibidos por Dios y justificados por la fe en Cristo. Sin embargo, por temor al hombre actuó de una manera que no estaba en armonía con el evangelio, guiando a otros a la misma hipocresía.


Es decir, el hombre que la Iglesia Católica Romana reconoce como su primer Papa, cayó en error doctrinal que necesitó corrección.


Conclusion:


¿Cuál es el punto y la necesidad de esta doctrina?


El punto es, ningún hombre es infalible. Todo hombre, todo ser humano tiene la capacidad de equivocarse. Lo cual significa que debe existir un estándar más alto y más seguro. Un estándar completamente infalible en donde nuestra fe puede encontrar la palabra final.


Lo cual nos lleva a la necesidad de esta doctrina. Si la Biblia afirma que ella misma es inspirada por Dios, por consiguiente, debe deducirse que su contenido conlleva la misma autoridad e infalibilidad que el autor.


Ahora, esto no significa que la interpretación es un asunto de menos importancia o es algo puramente individual. Afirmamos que la regla infalible para la interpretación de la Escritura es la Escritura misma. Es decir, cuando se levante una pregunta con respecto al sentido correcto y pleno de cualquier Escritura, este debe ser escudriñado en otros lugares que hablen más claramente del asunto.


Pero antes de poder establecer esa y otras doctrinas, la base de todas estas son la doctrina de la autoridad y la suficiencia de la Escritura. Porque como dijo John MacArthur en su libro ¡Piensa Bíblicamente! (Think Biblically!):


“Socavar la suficiencia de las Escrituras equivale, en la práctica, a socavar su autoridad, porque dirige a las personas lejos de la Biblia en busca de otras “verdades”.

 
 
 

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